La pesadilla de Sergio Pérez en Red Bull: La verdad detrás de su caída
En una revelación impactante que ha enviado ondas de choque a través del mundo del automovilismo, Sergio Pérez ha hablado sobre la angustiante experiencia de su tiempo en Red Bull Racing, afirmando que fue preparado para fracasar desde el principio. Mientras el piloto mexicano se prepara para un regreso a la Fórmula 1 en 2026, sus comentarios sinceros pintan un panorama sombrío de un equipo plagado de política interna y expectativas imposibles.
Despedido al concluir la temporada 2024, la estancia de Pérez en Red Bull estuvo marcada por una serie de actuaciones desastrosas que dejaron a aficionados y analistas rascándose la cabeza. Mientras su compañero de equipo Max Verstappen celebraba victoria tras victoria, Pérez se encontró atrapado en un ciclo de eliminaciones en Q1 y días de carrera catastróficos. El marcado contraste en los resultados solo amplificó el escrutinio sobre Pérez, quien se quedó a la deriva mientras su rival se bañaba en gloria.
El descontento no se detuvo con Pérez; sus sucesores, Liam Lawson y Yuki Tsunoda, enfrentaron destinos similares, subrayando una tendencia preocupante en el equipo poderoso. Hablando en el podcast Crack, Pérez no se guardó nada al describir el caótico ambiente en Red Bull, calificándolo de “complicado” y destacando la intensa presión que conllevaba ser compañero de equipo de Verstappen. “Teníamos el mejor equipo”, afirmó, lamentando, “Desafortunadamente, todo se desmoronó. Teníamos el equipo para dominar el deporte durante los próximos 10 años.”
¿Pero qué hacía que su situación fuera tan grave? Pérez dejó claro que las apuestas en Red Bull eran excepcionalmente altas. “Ser compañero de equipo de Max en Red Bull es el mejor y el peor trabajo en la F1, con mucho”, declaró, insinuando una atmósfera donde su rendimiento era examinado hasta un grado extremo. “Todos olvidaron lo difícil que era estar en ese asiento”, continuó, expresando el peso de las expectativas que venían con el rol.
Las luchas de Pérez se vieron exacerbadas por las desafiantes características del coche RB20, lo que llevó a momentos de pura frustración, como cuando golpeó su volante en desesperación después de la clasificación. Sin embargo, los problemas eran más profundos que el mero rendimiento del coche; Pérez reveló que su propio ritmo era una espada de doble filo. “Todo, prácticamente todo”, lamentó cuando se le preguntó dónde Red Bull encontraba fallas en él. “Si era muy rápido, era un problema. Porque, por supuesto, creaba un ambiente muy tenso en Red Bull.”
La realidad era contundente: ya fuera que sobresaliera o fallara, Pérez enfrentaba repercusiones. “Si era más rápido que Max, era un problema. Si era más lento que Max, era un problema. Así que todo era un problema.” Esta situación imposible lo obligó a confrontar una dura verdad: en lugar de lamentar sus circunstancias, tenía que adaptarse y esforzarse por maximizar su potencial en medio del caos.
A medida que Pérez se prepara para su próximo capítulo en la Fórmula 1, sus experiencias en Red Bull sirven como una advertencia sobre la brutal naturaleza del automovilismo de élite, donde la presión por rendir puede convertirse en una fuerza asfixiante. Con sus revelaciones, Pérez no solo arroja luz sobre sus luchas personales, sino que también plantea preguntas críticas sobre la dinámica dentro de uno de los equipos más formidables del deporte.
La saga de Sergio Pérez en Red Bull es un recordatorio claro de la delgada línea entre el triunfo y el desastre en el mundo de alta octanaje de la Fórmula 1, donde la competencia es feroz y las apuestas nunca han sido más altas.








