La estrella del rally Oliver Solberg se encontró en problemas una vez más después de recibir una penalización de cinco minutos en el Rally de Monte Carlo por lo que los oficiales consideraron «conducción de exhibición». La infracción ocurrió en el icónico curva Fairmont, donde se vio a Solberg derrapando en una sección de la carretera tras la ceremonia del podio final.
Gran regreso empañado por la penalización
El joven de 23 años, que hacía su debut en el Campeonato Mundial de Rally (WRC) en un Toyota GR Yaris Rally2, había terminado sexto en la clase RC2 y 13° en la general, una impresionante recuperación después de chocar contra un banco con neumáticos fríos durante la etapa del jueves por la noche. Sin embargo, la penalización posterior al rally eclipsó su actuación.
Aunque la penalización no impactó significativamente en la posición de Solberg—Monte Carlo no era uno de sus eventos registrados en WRC2—el incidente trajo de vuelta recuerdos de su penalización anterior por «conducción de exhibición».
Un momento de déjà vu para Solberg
No es la primera vez que el talento de Solberg al volante causa controversia. En el Rally de Portugal 2022, los donuts que realizó tras la meta voladora del superspecial Lousada le costaron una victoria crucial contra su rival Gus Greensmith.
El incidente de Monte Carlo, aunque menos significativo para la clasificación de Solberg esta vez, levantó cejas entre los aficionados y oficiales del rally por igual. La penalización sirve como un recordatorio de que incluso las travesuras posteriores al evento pueden tener repercusiones en el mundo estrictamente regulado del WRC.
Reacciones mixtas de la comunidad del rally
Los aficionados y críticos están divididos sobre la penalización. Algunos ven el derrape de Solberg como una exhibición inofensiva de su personalidad y habilidad al volante, mientras que otros creen que tales acciones socavan el profesionalismo esperado en el rally de élite.
Para Solberg, la penalización sirve como otra lección en la navegación del equilibrio entre entretener a los aficionados y adherirse a las regulaciones del WRC. Su creciente talento y estilo de conducción audaz continúan atrayendo atención, pero momentos como estos subrayan la necesidad de disciplina en un deporte donde cada segundo—y regla—cuenta.