En un sorprendente giro de los acontecimientos en el Gran Premio de Japón, la arriesgada maniobra de Jack Doohan terminó en un aterrador accidente, planteando preguntas sobre sus orígenes e implicaciones.
Durante la segunda sesión de prácticas, Doohan, al volante de su Alpine, intentó recuperar el tiempo perdido, pero en su lugar se encontró deslizándose hacia las barreras a una asombrosa velocidad de 331 km/h. Milagrosamente, el joven de 22 años salió ileso de los escombros, lo que provocó alivio entre los aficionados y funcionarios por igual.
Sin embargo, las circunstancias que llevaron al accidente han desatado una intensa especulación. Los observadores notaron que Doohan se acercó a la primera curva con el DRS (Sistema de Reducción de Arrastre) abierto, un movimiento que típicamente no se escucha en esa sección particular de la pista. La falla del ala trasera para cerrarse automáticamente, combinada con el diseño del circuito, creó una tormenta perfecta que culminó en desastre.
Pero la trama se complica con revelaciones de la publicación alemana Auto, Motor und Sport, que sugiere que Doohan en realidad había probado esta audaz estrategia en un simulador previamente. El informe afirma que Doohan había descubierto que podía navegar la primera curva con el DRS abierto en la simulación y trató de replicarlo en la pista real, una decisión que resultó catastrófica.
El director del equipo Alpine, Oliver Oakes, pareció confirmar esta teoría al calificar la falla para cerrar el DRS como un «error de cálculo.» Oakes expresó su esperanza de que Doohan aprendiera de esta experiencia angustiante y estuviera mejor preparado para futuras carreras.
A medida que se asienta el polvo de este drama a alta velocidad, una cosa queda clara: asumir riesgos en la Fórmula 1 puede resultar en gloria o desastre, y en el caso de Doohan, fue una línea muy delgada entre ambos. Las secuelas de este incidente sirven como un recordatorio contundente de la naturaleza implacable del automovilismo y de los márgenes estrechos entre el éxito y la calamidad en la pista.